domingo, 26 de septiembre de 2010

Bérénice Einberg

Cuando sea mayor, en vez de corazón ya sólo tendré un pellejo vacío y seco. Christian me dejará fría, completamente indifirente. Ningún lazo que no haya tejido con mis propias manos nos unirá. Ningún impulso me guiará hacia él: me dirigiré a él por mis propios pies. Me gusta pensar que somos dos piedras a las que me he propuesto transplantar de una a otra mi sangre. Un diálogo quedará establecido entre ambas piedras. Mi transplante quedará coronado con el éxito. Soy una alquimista enloquecida por los vapores de mercurio. Amaré sin amor, sin sufrir, como si fuese de cuarzo. Viviré sin que lata mi corazón, sin tener corazón.
Las historias de amor me cansan. Considero fallida, arruinada, mediocre, la vida de aquellos cuya vida es una bonita historia de amor. Siempre pasa lo mismo. Ella y él. Vienen de una y otra punta de ninguna parte y se enamoran. No se conocen. Se acercan cara a cara, se miran y sienten sus corazones encenderse, empaparse, inflarse. Se gustan. Me gusta quererlo. Te gusta amarlo. Se aman y, surgidas de las oscuridades de la tierra, miles de campanas repican. Él está extasiado y no ha hecho nada por ello. Ella está en la gloria y no ha hecho nada para ello. Les ha caído todo del cielo. Sufren una presión y dejan que crezca. ¡Es vil! ¡Es indigno! Han caído en la trampa y se encuentran a gusto. Se gastaron una broma y, ciegamente, como si fueran tontos de remate, se regocijan en ello. Son victimas de un complot, cómplices de una maquinación.
Me llamo Bérénice Einberg y no permitiré que me induzcan a error. No hay que dejarse llevar para amar. Es como abandonarse.

El valle de los avasallados - Réjean Ducharme-.


martes, 17 de agosto de 2010

Luz roja

Hoy, el sol anclado en mi pared no alumbra como siempre.
La ventana no se deja abrir, no quieren que entren martillos eléctricos
como abejorros de medio metro.
Una serie, de frescas casualidades ensangrentadas queman el día,
seco y áspero, como los caramelos del pasado.
El humo del presente nubla todo atisbo de claridad,
pero una luz roja parpadeaen algún lugar, eso es que pasa algo...

domingo, 8 de agosto de 2010

Ellâm Onru


Pregunta: en el mundo, las cosas parecen diferentes; ¿Cómo puedo yo entonces considerar él todo como siendo Uno?. ¿Existe un medio de llegar a ese conocimiento?. La respuesta es ésta: en un mismo árbol vemos las hojas, las flores, los frutos y las ramas, diferentes unas de otras, pero que, sin embargo, no hacen mas que uno, estando todo comprendido en la palabra "árbol". Su raíz es la misma, su savia es la misma. Así, todas las cosas, todos los cuerpos, todos los organismos, provienen de una misma fuente y son activado por un único principio vital: todo es Uno.

-Texto sobre Advaita Vedânta-

viernes, 30 de julio de 2010

Una historia verdadera


Ayer, por primera vez, me senté al frente de un tractor, y como en la peli de David Lynch, no tuve ninguna prisa.

Era un tractor pequeñito, muy parecido al de la película, lento, ruidoso, robusto, pero apacible.

Fuí arrancando las malas hierbas de raíz, sentí como el arado introducía su mano de hierro en la tierra virgen (de nuevo). Tuve la misma sensación que cuando se mete la mano en un saco de lentejas secas, la misma sensación de saber que nada malo te va a pasar...

Ayer, por primera vez, me senté de frente al horizonte, y como en la peli de David Lynch, no tuve ninguna prisa.

j.



miércoles, 28 de julio de 2010

Razonablemente autocompasivo

"Hay que aprender a ser razonablemente autocompasivo, porque, como suele decirse, la compasión empieza por uno mismo".

Es decir, que no debo reprimirme, maltratarme o corregirme, o sea, que me conviene aceptar todos mis impulsos y dejar incluso, que conformen mi personalidad. Eso para hoy está bien, pero quién se lo explica mañana a mi conciencia...

j.

lunes, 12 de julio de 2010

Cerdas mierdas (letra última canción... en clave de humor)

Cerda,
como el viento sonriente de las noches más calientes
de mi ver güenza,
como el soplo porculero de tus labios más sinceros
en mi oreja, cerda.

Cerda, como el aliento choricero que se proyecta,
como una prolongada y verde cagalera,
cerda, como mearse fuera... de la bañera.

Cerda, como un pedo que pesa más de la cuenta,
como un gapo que cuelga de una vieja verja,
como un viejo verde, de más de 70.

Cerda,
como el lento descender de un beso sin cadenas.
como el portal sin ascensor donde me cerraste la puerta,
cerdas manos después de una mezcla de mierdas,
cerdas mierdas.

Cerda, como el sabor amargo de las uñas negras,
como el borde obtuso del fondo de las neveras,
como un moco pegado debajo de una mesa, cerda.

Cerda, como una mosca que te jode toda una puta siesta,
como un chicle pegado a una extensa melena,
como un pelo suelto en una extensa entrepierna, cerda.

Cerda,
como el viento sonriente de las noches más calientes
de mi ver... güenza,
como el soplo porculero de tus labios más sinceros
en mi oreja, cerda.

Cerda, como el lento descender de un beso sin cadenas,
como el portal sin ascensor donde me cerraste la puerta,
cerdas manos después de una mezcla de mierdas,
cerdas mierdas.

j.